Acabada nuestra ,en estos momentos, melancólica Semana Santa, los sevillanos pasean por la calle con un aire y frescura diferente en el ambiente. Se nos escapan las manos para gozar del compás de tres por cuatro. Se acoge un tipo de aire flamenco muy característico de la ciudad dorada del sur de España. Taconeando, la mujer sevillana, aunque sin dejar ni mucho menos atrás al hombre, va alzando sus brazos, que con delicadeza mueve el son de las sevillanas de nuestros artistas más reconocidos (Cantores de Hispalis, Ecos del Rocio, Las Carlotas, Manuel Orta, Siempre Así, María del Monte, etc).
¿Lo vais notando? Bendita suciedad queda en pequeños y mayores por el vuelod el albero, que más torero que nunca nos acompaña en nuestro paseo por las calles del Real.
Si, el mismo, El Real de la Feria de Abril de Sevilla.
Como una gigantesca plaza de la Maestranza, cambia los tendidos por las casetas, que sin perder los olés en ocasiones, transforma el arte torero en alegría en familia, como no, sevillana. Todo sin perder la elegancia, que ante el temple de los caballos en su resonar de adoquines, marcarán nuestras mañanas de Feria. Para la noche, revuelo de volantes de sentimientos, haciendo de esos momentos, un sueño inolvidable, cumplido por momentos.

Como dice una sevillana que encadiló a un servidor:
"Caballos y volantes, Compás y Albero.
La Feria es como el sueño del año entero."
Por ello disfrutad el momento, los preparativos, los sueños que están por llegar, y si os fijais bien, lo tenemos a la vuelta de la esquina, de esa esquina de color rojo y blanco (o verde y blanco, como cada uno lo imagine) que forma parte de la caseta de cada uno de nosotros.
Por. F. Comas